Me gusta mi cuerpo.
Me gusta mi cuerpo. Siempre nos hemos llevado muy bien, siempre hemos sido muy buenos amigos, vamos a todas partes juntos. Me gusta mirarlo y que lo miren. Me gusta observarlo y que lo observen. Me gusta cuidarlo. Me gusta tanto verlo bien que hace poco me desatornillé el trozo de hierro que llevaba colgando del ombligo, para verlo más puro. No quiero verlo con nada externo a mí. Esmalte de uñas, maquillaje o pendientes. Intento llevar lo menos posible de todo. Me gusta mi cuerpo y todo lo que puedo hacer con él. Me gusta verlo nadar sin  más en el mar. Flotar. Me encanta verlo expresarse con la música. Me apasiona contemplarlo correr hasta que queda exhausto y coge aire a bocanadas. Me flipa pensar que todo mi cuerpo se pone de acuerdo en cada acción que realiza, como algo que no puedo controlar.
Pero también lo he machacado. Lo he herido y lo he quemado. Le he dicho que no me gustaba, que por qué esto era así y no menos delgado, flaco, huesudo, anoréxico también le han llamado. He comido más para cambiarlo. He comido menos para cambiarlo. Me he sentido menos por algo en mí que no puedo cambiar. La sociedad nunca dejará de castigar lo que la naturaleza ha creado en nosotros.
Pero a pesar de todo lo que le he dicho. Todo lo que me han dicho, todo lo que me han sugerido que haga. Yo sólo escucho lo que me dice él. Escucho sus latidos, su respiración, la forma que tiene de erizarse cuando es otro cuerpo el que le eriza la piel, la fuerza que le pone cuando se excita y la calma que trae cuando se relaja. Descifro cada mensaje y cada advertencia que me da. Desencripto el dolor que me trae en clave en el estómago o la alegría en tono rosa que ha llegado a mis mejillas.

Me gusta mi cuerpo. Y hablar de él es hablar de todo lo que puedo hacer con él. Porque no es carne, es cuerpo. Y cuando estamos a oscuras y cierro los ojos y sueño, y lloro, o río, sé que mi cuerpo está mirando al tuyo. Y cuando los abro en la misma oscuridad, tú no me ves y yo no te veo, pero sé que tu cuerpo está mirando al mío. Y eso es lo más bonito que se podrían decir.

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